Nuestras vidas están determinadas por la fuente de la que obtenemos nuestra sensación de seguridad.

Y en verdad, hay dos caminos:

1 / Buscando seguridad en las personas que nos rodean:

De niños, nos fijamos en nuestros padres, maestros y figuras familiares. Más tarde, buscamos la validación de nuestras parejas, hijos, amigos y colegas. Nos moldeamos para ganarnos su aprobación y afecto, olvidando gradualmente nuestra verdadera esencia.

En este camino, el alma vive dentro de una jaula invisible, inquieta, insatisfecha, lo reconozcamos o no.

Éste es el camino que sigue la mayoría de los seres humanos.

2 / Buscando la seguridad desde dentro: nuestra luz interior, nuestros dones, nuestro potencial divino:

Aquí nos apoyamos en la fuerza de nuestro espíritu, la verdad de nuestro corazón, los talentos plantados dentro de nosotros desde el nacimiento.

En este camino, el alma es libre y profundamente alegre, aunque nuestra mente no pueda comprender plenamente por qué.

Muy pocos eligen este camino, pues es un viaje sagrado. Y recordemos:

La libertad es un llamado espiritual que exige coraje y virtud.

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